Lo compartido se multiplica

Lo compartido se multiplica

La lógica nos dice que si tenemos dos platos de comida, por más que los partamos y dividamos en más platos, si los volvemos a juntar, seguirán siendo dos platos de comida. Esta parece una afirmación totalmente lógica, pero que cambia cuando le agregamos una pizca de un ingrediente tan hermoso y necesario: la solidaridad.

La primera prueba piloto de Mboja’o fue realizada durante una semana del mes de febrero. Se sumaron siete locales muy renombrados de la ciudad de Asunción: El Hotel Aspen, La Posta, La Molleja, Cooltural Café y Libros, Talleyrand, Maurice y Entrecôte. Durante esa semana, se realizó la ruta para recuperar toda la comida que había sobrado el día anterior en estos locales gastronómicos. Cabe destacar que toda la comida rescatada se encuentra en perfecto estado para ser consumida, nadie la manipuló, y no han pasado más de 24 horas desde su elaboración. Además, los restaurantes la mantuvieron refrigerada hasta el momento del retiro.

Mboja’o, en una semana, evitó que 29 kilos de comida terminen en la basura. Así es, para nuestra enorme y grata sorpresa, logramos rescatar 72 envases de deliciosa comida de todo tipo. En cada envase había más de una ración de: pollo, milanesas, guiso, arroz, sopa paraguaya y más, listas para ser servidas y re aprovechadas. Con la cocinera de la Parroquia San Antonio de Padua, Ña Irma, nos pusimos en campaña: empezamos a armar raciones con los diferentes alimentos que se recuperaron y pronto, estos 72 envases se convirtieron en 144 platos de comida. Y estos 144 platos de comida se transformaron en 144 sonrisas, que agradecieron infinitamente que ese día hayan recibido más que comida, amor y solidaridad a través de la misma.

Es importante que entendamos que la comida es comida que a alguien, en algún lugar de este mundo, le tomó tiempo preparar, que lo hizo con amor. Es comida que utilizó agua, energía, fuerza y de ninguna manera puede ser desperdiciada.

La semana de prueba de Mboja’o nos sirvió, más que para validar ciertos aspectos del modelo operativo, para darnos cuenta de que, cuando se comparte, la lógica pasa a un segundo plano. Que un envase de comida no es necesariamente igual a un plato de comida. Que al compartir, absolutamente todo se multiplica. Que finalmente, como reza la música, “nada se pierde, todo se transforma”.

Mboja’o significa compartir, y lo compartido se multiplica.

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